Lleva unos años apareciendo en noticias, en canciones y en las conversaciones de muchos padres: un polvo rosa con olor a fresa al que llaman tusi, tusibi o cocaína rosa. Su nombre engaña, su color engaña y, sobre todo, engaña lo que hay dentro. En Bellamar cada vez atendemos a más personas jóvenes cuyo problema empezó con esta mezcla, y lo primero que descubren en la valoración es que nunca supieron qué estaban tomando.
Aquí te explicamos qué es el tusi, qué contiene en realidad, qué efectos tiene, por qué engancha y qué puedes hacer si sospechas que alguien cercano lo consume.
Qué es el tusi
El tusi es una droga sintética que se vende como un polvo de color rosa, a menudo aromatizado. Nació en Colombia a principios de la década de 2010 y llegó a España alrededor de 2020, primero en ambientes de fiesta exclusivos y después en cualquier discoteca, festival o after. Forma parte de lo que en nuestro centro tratamos como drogas de diseño: sustancias de síntesis que cambian de nombre y de color, pero no de riesgo.
El nombre viene del 2C-B, una feniletilamina alucinógena que en inglés se pronuncia parecido a «tusi». La ironía es que los análisis de laboratorio casi nunca encuentran 2C-B en las muestras: el tusi de hoy es otra cosa.
Qué lleva el tusi de verdad
A pesar del apodo, el tusi no es cocaína. Los análisis de servicios de reducción de riesgos como Energy Control, que estudian desde hace años las muestras que les llegan, coinciden en que lo habitual es una mezcla de:
- Ketamina, un anestésico disociativo que suele ser el ingrediente principal. Si quieres entender bien sus efectos, lo explicamos en nuestro artículo sobre qué es la ketamina y sus peligros.
- MDMA (éxtasis), un estimulante y empatógeno.
- Cafeína y otros estimulantes, que aumentan el volumen y abaratan el producto.
- Otras sustancias que aparecen según la partida: anfetaminas, opioides, benzodiacepinas o, en ocasiones, trazas de cocaína. Más un colorante rosa y, a veces, un aromatizante.
La proporción cambia de un vendedor a otro, de una semana a otra y hasta dentro de la misma bolsa. Eso es lo que convierte al tusi en una de las sustancias más impredecibles del mercado: dos personas pueden tomar «lo mismo» y vivir dos experiencias completamente distintas.
Efectos del tusi: lo que se busca y lo que llega
Quien lo consume busca una mezcla de euforia, desinhibición y una sensación de flotar o desconectar. Lo que llega depende de qué toque esa noche. La ketamina produce disociación, torpeza, confusión y, en cantidades mayores, una desconexión total de la realidad en la que la persona no puede moverse ni reaccionar. El MDMA sube la temperatura corporal y la frecuencia cardiaca, y agota la serotonina, lo que explica el bajón de los días siguientes. Mezclados, el cuerpo recibe órdenes contradictorias: acelerar y frenar al mismo tiempo.
A eso se suma casi siempre el alcohol, que multiplica el efecto depresor de la ketamina y el riesgo de vómitos con pérdida de conciencia. Y con frecuencia, en determinados contextos, otras sustancias: el tusi se ha hecho un hueco en las sesiones de chemsex, donde el riesgo se dispara.

Por qué el tusi es tan peligroso
- No sabes qué tomas. Es el riesgo que lo resume todo. Sin análisis, cada toma es una incógnita. Las intoxicaciones graves suelen venir de una partida con más ketamina de lo habitual, o con un opioide que nadie esperaba.
- Riesgo cardiaco y golpe de calor. La combinación de estimulantes, calor, baile y poca hidratación puede acabar en arritmias, hipertermia o colapso.
- Accidentes y situaciones de vulnerabilidad. La disociación de la ketamina deja a la persona sin capacidad de reaccionar: caídas, atropellos, pérdida de objetos y, sobre todo, exposición a agresiones y abusos.
- Daño en la vejiga y los riñones. El consumo repetido de ketamina produce cistitis intersticial: dolor al orinar, necesidad constante de ir al baño y, en casos avanzados, daño irreversible en la vejiga.
- Deterioro de la memoria y del ánimo. Lagunas, dificultad de concentración, ansiedad y depresión que persisten semanas. Cuando hay un trastorno de base, el consumo lo agrava: es un caso típico de patología dual.
- Adicción rápida. La tolerancia a la ketamina aparece pronto, y el bajón del MDMA empuja a repetir para evitarlo. En pocos meses, lo que era «solo los sábados» pasa a cualquier día.
Si alguien ha consumido tusi y no responde, respira mal, convulsiona o tiene la temperatura muy alta, llama al 112. No le dejes solo ni esperes a que «se le pase».
Señales de que alguien cercano consume tusi
El tusi es cara y se asocia a un ocio concreto, así que las señales suelen ser estas:
- Fines de semana que empiezan el viernes y terminan el domingo por la tarde, con lunes y martes de bajón, irritabilidad o tristeza.
- Gastos que no cuadran con sus ingresos, préstamos pequeños repetidos, dinero que desaparece.
- Episodios de confusión o desorientación que la persona no recuerda después.
- Molestias urinarias frecuentes en alguien joven y sin otra causa.
- Un círculo social nuevo, más nocturno, y abandono de aficiones y relaciones anteriores.
- Restos de polvo rosa, bolsas pequeñas o un olor dulce artificial en la ropa o la habitación.
Si es tu hijo o tu hija: qué hacer y qué evitar
La mayoría de las llamadas que recibimos por tusi son de padres y madres de chicos y chicas de entre 17 y 28 años. Casi todos cuentan lo mismo: que al principio pensaron que era «una fase» y que, cuando quisieron hablarlo, la conversación se convirtió en una pelea. Pasa igual con otras conductas de riesgo que describimos en nuestro artículo sobre el vapeo en adolescentes.
Lo que funciona es hablar sin acusar, con datos y sin dramatismo: «sé que el tusi lleva ketamina y me preocupa esto en concreto». Lo que no funciona es el ultimátum que no se cumple ni el interrogatorio. Si notas que no puedes gestionarlo desde casa, nuestro equipo os orienta desde la primera llamada a través de la terapia familiar, aunque la persona que consume todavía no quiera saber nada.

Cómo se trata la adicción al tusi
No existe una «adicción al tusi» como tal: lo que tratamos es la dependencia a sus componentes, sobre todo a la ketamina, y el patrón de consumo que la rodea. En Bellamar el tratamiento empieza con una valoración completa de nuestro equipo médico y terapéutico, que incluye el estado de la vejiga y los riñones y la posible presencia de ansiedad, depresión u otro trastorno de base.
Según el caso, el abordaje puede ser ambulatorio o con ingreso residencial: la abstinencia de la ketamina es sobre todo psicológica, pero la ansiedad y el insomnio de los primeros días pueden ser intensos y conviene supervisarlos. Después viene lo importante: recuperar la memoria y la concentración, aprender a gestionar la ansiedad sin anestesia química y reconstruir una vida social que no gire alrededor de la noche.
Volver a ser tú es posible, también después del tusi
Si has llegado hasta aquí buscando qué es el tusi, ya sabes más que la mayoría de quienes lo consumen. Si lo que te preocupa es alguien concreto, o eres tú, no esperes a que pase algo. En Bellamar llevamos más de diez años tratando adicciones en Tarragona, con psicólogos, terapeutas y psiquiatra en el centro las 24 horas, y sin juzgar a nadie por lo que ha tomado.
La primera consulta es gratuita y confidencial. Escríbenos por WhatsApp o llámanos al +34 613 95 80 12, abiertos 24 horas los 365 días del año, o déjanos tus datos en el formulario de contacto y te llamamos nosotros.
El tusi se vende como un polvo rosa. Lo que esconde no tiene color.
Sin miedo. No estás solo.
