Hoy día, las drogas, se han transformado en un gran desafío a nivel de salud en general en todos los países, dado que las sustancias de abuso, sean abstractas (pantallismo, móvil, videojuegos, etc.) así como las físicas o “clásicas”, cada vez interfieren más en nuestra vida cotidiana por el gran cambio antropológico y de ciclo que está viviendo la humanidad: lo del signo de recompensa ya, la falta de capacidad de frustración, padres más preocupados porque el hijo no “sufra”, cuando en realidad son las etapas mismas que tiene que ir viviendo el ser humano para llegar a una adultez segura.
Esto nos ha arrojado lo que se denomina esta “juventud de cristal”, siendo personas con mayor incapacidad de relacionamiento (la pandemia tuvo su papel también) entre personas, nivel de autocrítica (cada vez más minada por la IA o por el propio internet), o sea, con menor capacidad para la decisión. ¿Eso qué arroja? Personas más “manejables” y con menos autocrítica, situación que a diario en mi labor diaria puedo objetivar.
¿Y por qué hablo de todo esto en vez de responder la pregunta? Porque las drogas o sustancias de abuso, tarde o temprano, las van a probar los humanos, ya sea de una forma o de otra. En realidad, también daría para definir qué es droga o sustancia de abuso… dado que cualquier situación que active el sistema dopaminérgico y el cannabinoide, siempre que esté más “activo” de lo habitual, puede ser considerada una droga.

Cuando el adolescente se enamora de la droga
Para que me entiendan: una droga puede ser el amor, por ejemplo, o la felicidad (que esta sociedad nos ha enseñado que tiene que ser constante, situación que no es real).
Pero volviendo a la pregunta: el abuso de cualquier acción y/o sustancia produce, a nivel del sistema nervioso central y periférico, un desregulamiento en lo que es la comunicación interneuronal. Esto sucede en cualquier ser humano, pero en los jóvenes esto se ve más afectado debido a que hasta los 35 años no terminamos de tener un cerebro “maduro”. ¿Qué significa esto? Un cerebro con neuroplasticidad controlada.
Pero antes de eso, lo que también se crea —además de haber más neuroplasticidad— es el momento en que se están formando nuevas conexiones (el cableado) tanto a nivel cerebral como del sistema nervioso periférico y autónomo.
Por eso es fundamental que las sustancias o acciones se den de forma regulada o se prueben de forma regulada (dado que se probará tarde o temprano), porque de ser de forma abusiva es cuando sucede, muchas veces, que —ya sea por tener predisposición genética o porque el factor externo ha sido tan fuerte o durante tanto tiempo— puede desencadenarse una enfermedad mental.
Los primeros signos de adicción, en realidad, no son a una sustancia en concreto, dado que tendríamos que entender que tener una conducta adictiva es una agrupación sindromática que denota una serie de síntomas que terminan generando una afectación a nivel funcional de la persona para su edad y sexo.
Esto, que suena tan “protocolario”, es simplemente que a la persona —hablando claro— se le pone el mundo patas para arriba y no es capaz de cumplir con sus actividades diarias.
En el caso de los jóvenes, por ejemplo, no poderse relacionar de forma correcta o hacerlo solamente previo al consumo de la sustancia para vincularse. Si está realizando una actividad académica, por ejemplo, que comience a perder cursos o a sacarse “malas notas”, cuando antes no sucedía; problemas con la figura de la autoridad, desde la familia hasta FOP (por ejemplo, multas, etc.).
En definitiva, todo lo que afecte sus esferas bio-psico-social.
A nivel individual, se da una mayor dependencia al consumo de la sustancia, y simplemente nos damos cuenta de la dependencia por el síndrome de abstinencia que aparece cuando la persona no accede a la acción o a la sustancia de la que es dependiente.
Esto, a nivel físico y mental, puede manifestarse por irritabilidad, insomnio, ansiedad, síntomas depresivos e incluso sintomatología psicótica como delirios y/o alucinaciones, por ejemplo, en el abuso de cannabis y cocaína, tan común en los jóvenes.
Por eso, específicamente con el alcohol en los jóvenes, lo que se observa es una desestructuración de sus tres esferas de la vida. Como dije:
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Parte biológica: por ejemplo, afectación a nivel de hemograma, digestivo, accidentes, suicidio.
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Parte psicológica: ansiedad, irritabilidad, depresión, síntomas neurológicos.
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Parte social: aislamiento, pérdida de cursos o capacidad laboral.
Por todo lo anterior, cualquier situación que genere una disfuncionalidad en la persona…
¿Qué consecuencias tiene el consumo de cocaína en la salud mental?
El consumo de cocaína puede tener consecuencias graves y duraderas en la salud mental. Estas consecuencias varían en función de la dosis, la frecuencia del consumo, la vía de administración, la vulnerabilidad individual (como antecedentes personales o familiares de trastornos mentales) y el contexto en el que se consume.
Estas se pueden separar en agudas y a largo plazo: las agudas son dadas por una disregulación potente de los neurotransmisores internos, pudiendo pasar de la disforia, hiperactividad, aumento de la autoestima… Esto también puede desencadenar irritabilidad, ansiedad o comportamiento compulsivo. A nivel del sueño, puede producir desde insomnio hasta alteraciones en la estructura del sueño.
En no pocos casos produce sintomatología de carácter psicótico, como paranoias o ideas autorreferenciales, incluso pudiendo generar un brote psicótico. También, al afectar el lóbulo prefrontal, permite que la persona asuma conductas de riesgo sexuales, económicas o temerarias que pueden tener consecuencias legales.
Además —y esto no es tan bien sabido—, desde el primer consumo de cocaína, a pesar de ser una sustancia, al ser tan potente y muchas veces por la forma de consumirla, la cantidad o el contexto tan “heavy”, es una de las pocas sustancias de abuso que puede generar ideas de muerte directas. No es extraño que con un solo consumo, valorando todas las variables, una persona termine realizando un intento de suicidio o un suicidio consumado tras el consumo.

A estos efectos de consumo “agudo” y de “falsa felicidad” le siguen los efectos a medio o largo plazo que no son tan agradables. Siempre comento a mis pacientes o en mis charlas que no hay que confundir lo que es placer con felicidad, que son dos cosas distintas. El placer es una situación momentánea que, si perdura en el tiempo, se transforma en sufrimiento. Por ejemplo, en el caso de la cocaína: pongamos el ejemplo de un consumo de “fiesta”, una persona que consume solamente cuando sale los sábados con sus colegas. Si esta persona, por lo que fuera, comienza a tener un consumo más frecuente (dado una situación de sufrimiento o de querer evadirse), probablemente llegue a una etapa de su vida en que el consumo le lleve al sufrimiento por la “afectación o dependencia a la sustancia o acción”.
Sin embargo, la felicidad es, por ejemplo, en este mismo paciente, cuando al reconocer su problema de adicción ha decidido ponerse en tratamiento y ha logrado llegar a la etapa de mantenimiento (no curación) de la enfermedad, y tiene esa sensación de “paz” o “felicidad” de no depender o no deber nada a nadie ni a la sustancia.
A nivel de salud mental, los efectos a medio o largo plazo pueden ser:
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Trastornos del estado de ánimo (depresión, inestabilidad emocional).
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Trastornos de ansiedad (ataques de pánico o trastorno de ansiedad generalizada, fobias).
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Brotes psicóticos inducidos por la cocaína.
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Esquizofrenia.
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Trastornos cognitivos como pérdida de memoria o atención, con aceleramiento de cuadros de deterioro cognitivo/demencias.
Esto no solo debe entenderse como consumo crónico o dependencia, sino que también afecta a pesar de tener un consumo de “fin de semana”.
Por último, está el trastorno por uso de sustancias, en este caso, la cocaína, que es cuando se desarrolla una dependencia psíquica y física a la sustancia.
Como dije anteriormente, otros riesgos asociados:
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Mayor riesgo de suicidio, sobre todo en periodos depresivos o de abstinencia.
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Violencia o conducta agresiva, especialmente bajo efectos combinados con alcohol.
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Comorbilidad dual: coexistencia de adicciones con trastornos mentales graves (como trastorno bipolar o esquizofrenia), lo cual complica el diagnóstico y el tratamiento.
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Mayor incidencia de accidentes de tráfico.
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Mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares fulminantes (IAM o ICTUS).
¿Cómo saber si tengo una adicción al alcohol?
Saber si tienes una adicción al alcohol implica observar cómo te relacionas con el consumo y qué consecuencias tiene en tu vida. La adicción (o trastorno por consumo de alcohol) no se basa solo en cuánto bebes, sino en cómo afecta a tu comportamiento, tu salud y tu entorno.
Como comenté en párrafos anteriores, saber si tengo o no una adicción a una sustancia no depende únicamente de la frecuencia y cantidad de consumo (que, si es verdad, tarde o temprano nos llevará a la fase de dependencia), sino de cómo afecta a nuestra vida en el día a día.
Por ejemplo, si una persona bebe una vez al mes, pero cada vez que lo hace tiene alguna situación disfuncional en su vida (problemas con la justicia, pérdidas laborales o familiares, etc.), se puede considerar un trastorno de consumo grave de alcohol. No por la cantidad ni por la frecuencia, sino por la afectación a nivel de su vida diaria.

Como comentaba anteriormente, una cosa es el consumo habitual de una sustancia, otra es el abuso de una sustancia o acción, y otra muy distinta es la dependencia a esta sustancia o acción (cuando, por lo general, se hace evidente el síndrome de abstinencia al no consumir o realizar la acción). Dependiendo de la afectación en su vida diaria es que se usa la palabra «trastorno por consumo de X sustancia» o no.
También es cierto que, si uno tiene sospechas o simplemente dudas, hay una serie de pautas que podría seguir, desde la autoexploración personal (ver en cuánto nos afecta la sustancia en nuestra vida, por ejemplo, hacer un registro), o si no nos vemos capaces, realizar una consulta con un profesional adecuado para que nos guíe en el diagnóstico y/o tratamiento de esa posible adicción.
Para ello es fundamental una consulta dirigida, así como la realización de cuestionarios dirigidos como, por ejemplo, el CAGE. Siempre, como digo, priorizando la visión clínica de un personal cualificado.
¿Por qué los adolescentes prueban drogas si saben que son malas?
A esto lo contestaría con otra pregunta: ¿por qué la humanidad es lo que es?
No es una respuesta simple ni tampoco específica, porque podría tener diferentes enfoques desde la salud mental, antropológico e incluso biológico.
Primero me gustaría poder aclarar que todas las etapas del ser humano son “difíciles”, no solo la adolescencia, pero sí que es verdad que en esta etapa de la vida se conjuntan una serie de condiciones que hacen más propenso que la persona busque nuevas “aventuras”. El adolescente, por definición, tiene al menos dos funciones: estudiar o hacer alguna actividad laboral mínima y romper las “reglas”, generando el inicio de su nueva personalidad, comenzar a cortar “sanamente” el vínculo paternofilial, lo que evidentemente no genera seguridad a un bando ni al otro, generando inseguridad y miedo a ambos lados, alterando el equilibrio hasta ahora conseguido a nivel familiar. Con lo cual, un caos.
Incluso está descrito que personas que son “buenas” en la adolescencia posteriormente en la etapa de adultez joven tienen más dificultades a nivel de la interacción social en varias áreas.
Pero ya sea adolescente o no, siempre comento que el ser humano descubrió el fuego y posteriormente creó el alcohol, como una forma de querer evadirse o tener una manera física de recurrir a “otra realidad”.
¿Cómo festejamos los humanos y los adolescente?
? ¿Dónde? En una mesa, comiendo y bebiendo, sea de la religión que sea. Es verdad que no todas las religiones tienen permitido beber alcohol (OH), pero usan otro tipo de sustancias o acciones. Por eso también los jóvenes o adolescentes consumen sustancias por simple copia de sus adultos, además de lo que describí anteriormente: “romper las reglas”, pertenencia de grupo, búsqueda de emociones, etc.
A nivel del desarrollo biológico o neuronal en el humano, se desarrolla primero el sistema límbico (emociones, placer, etc.) que el prefrontal (razonamiento, juicio, consecuencias), sumado a una recompensa inmediata. Además, está la esfera social, como la pertenencia a un grupo social (constructor de los inicios de la personalidad), sumado a la “transgresión” que sugiere consumir una sustancia.
También un factor importante es la sensación de invulnerabilidad que muchas veces también sucede en esta edad: “esto no me pasará a mí”.
Por otro lado, también está lo que llamo la automedicación. Esto es, por ejemplo, muchos adolescentes, dada su línea de vida o no sentirse comprendidos, acuden a la sustancia para poder sentirse como ellos desean (el placer a corto plazo, que no es lo mismo que la falsa felicidad).
Por eso, para concluir, siempre digo que los humanos consumimos sustancias por 4 razones (con el riesgo que conlleva): curiosidad (presente en la adolescencia), automedicación (explicado en el párrafo anterior), soledad (presente en la adolescencia, por ser una etapa de incomprensión), y aburrimiento (también presente en la adolescencia por diferentes situaciones). Igualmente, como norma general, estas 4 razones se pueden repetir en todas las edades.
Y por último, y no menos importante, lo que llamo la sociedad hipócrita. Dado que detrás de esto está la normalización del consumo abusivo de alcohol (OH) o tabaco, siendo que, a pesar de que hace años que se está tratando dicha acción, son las sustancias que más mortalidad y morbilidad generan al sistema de salud, a pesar de que son “otras acciones o sustancias” las que generan más alarma en la población. Todo esto, de la mano de una campaña de marketing poderosa y de una aceptación por parte de la sociedad de que un consumo es “normal”, como por ejemplo los botellones en los adolescentes.
¿Qué daños causa el consumo de cannabis en la memoria?
Primero tenemos que explicar que tenemos al menos dos tipos de memoria: una a corto plazo o reciente (por ejemplo, qué comí ayer) y otra a largo plazo o permanente (por ejemplo, en personas mayores, recuerdos de infancia).
Cómo afecta el consumo de cannabis a la memoria va a depender de varios factores, sobre todo del comienzo del consumo, por lo que comentamos de la “madurez” cerebral, así como el tipo de cannabis (hoy día hay cannabis con un alto porcentaje de contenido de THC), cantidad de consumo y vulnerabilidad individual (predisposición genética).
Por eso, en la memoria a corto plazo afecta:
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El cannabis disminuye la eficiencia del hipocampo y la corteza prefrontal, áreas clave para esta función.
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Resultado: olvidos frecuentes, desorganización del pensamiento, dificultad para concentrarse.
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Ejemplo: olvidar por qué entraste en una habitación o perder el hilo de una explicación.
En el caso de la memoria a largo plazo:
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Puede verse alterada si el consumo es frecuente y prolongado.
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Afecta la capacidad de consolidar recuerdos nuevos y de recuperar información almacenada.
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En algunos casos, se observa una reducción de volumen del hipocampo en consumidores crónicos, con correlato en pruebas de memoria verbal o visual.
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Especialmente si el inicio del consumo fue en la adolescencia, cuando el cerebro aún está en desarrollo.
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También se ha visto que puede afectar la identidad personal y la construcción narrativa del yo.
En consumos esporádicos, los efectos en la memoria suelen ser transitorios y desaparecen tras unos días de abstinencia.
En consumos crónicos, iniciados en la adolescencia o de alta intensidad, los daños pueden ser duraderos e incluso parcialmente irreversibles.
La abstinencia prolongada puede mejorar significativamente la función cognitiva, aunque no siempre completamente.
¿El alcohol puede causar depresión en los jóvenes?
El alcohol es el principal depresógeno del sistema nervioso central, por lo que sí puede generar depresión en los jóvenes. A pesar de que cuando comenzamos a beber alcohol, en una primera etapa obtenemos el efecto ansiolítico (efecto “enganchable”, como suelo referir), si seguimos consumiendo aparece la fase de desinhibición y disforia, que es seguida de la fase depresiva de la sustancia, siendo el OH, como vuelvo a repetir, el mayor depresógeno del sistema nervioso central.
Con lo cual, la respuesta es sí: puede generar depresión en los jóvenes.
¿Qué es la abstinencia del alcohol y cómo se trata?
La abstinencia del alcohol es el conjunto de síntomas físicos y psicológicos que aparecen cuando una persona que ha estado consumiendo alcohol de forma habitual y prolongada deja de hacerlo de forma brusca o reduce significativamente su ingesta.
Puede ser leve, moderada o grave, y en algunos casos puede poner en peligro la vida si no se trata adecuadamente.
El cuerpo se adapta al consumo crónico de alcohol regulando los neurotransmisores cerebrales (especialmente el GABA y el glutamato). Cuando el alcohol se retira, ese equilibrio se rompe, generando hiperactividad del sistema nervioso central.
Leve (6 a 24 h tras la última ingesta):
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Ansiedad, irritabilidad
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Temblor de manos
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Sudoración
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Náuseas, dolor de cabeza
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Insomnio
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Palpitaciones
Moderada a grave (24 a 72 h):
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Confusión, agitación, alucinaciones visuales o auditivas
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Convulsiones (especialmente en las primeras 48 h)
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Aumento de la tensión arterial y frecuencia cardíaca
Delirium Tremens (2-4 días tras dejar de beber):
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Cuadro potencialmente mortal
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Desorientación severa, fiebre, sudoración profusa, alucinaciones intensas
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Riesgo de fallo cardiovascular o respiratorio
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El Delirium Tremens tiene una mortalidad de hasta el 20% si no se trata adecuadamente.
TRATAMIENTO DE LA ABSTINENCIA ALCOHÓLICA
1. Valoración médica inmediata
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Determinar nivel de riesgo: historia clínica, patrón de consumo, signos vitales, antecedentes de abstinencias previas.
2. Tratamiento farmacológico
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Benzodiacepinas (diazepam, lorazepam): reducen síntomas y previenen convulsiones o delirium.
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Vitaminas B1 (tiamina): para prevenir el síndrome de Wernicke-Korsakoff.
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Otros medicamentos: antiepilépticos, betabloqueantes o antipsicóticos en casos seleccionados.
3. Hospitalización
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Indispensable si hay:
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Riesgo de convulsiones o delirium tremens
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Trastornos mentales graves coexistentes
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Entorno social inadecuado para un tratamiento ambulatorio
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4. Apoyo psicológico y motivacional
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Entrevista motivacional
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Intervención psicoeducativa temprana
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Ingreso en comunidad terapéutica o centro de desintoxicación si es necesario
La abstinencia del alcohol no es solo “pasar el mono”: es un proceso médico y psicológico que necesita acompañamiento profesional. Si se aborda a tiempo y de forma integral, es una oportunidad para romper el ciclo del consumo y comenzar un tratamiento sostenido.
¿Por qué una recaída no indica fracaso en la adicción?
Porque la conducta adictiva es una enfermedad crónica, compleja (por la multitud de factores que influyen) y recidivante. Como siempre comento en mi práctica clínica habitual, la conducta adictiva como enfermedad se puede asemejar a cualquier enfermedad crónica.
Un ejemplo sencillo y práctico es la hipertensión arterial (HTA) o la diabetes. ¿Por qué? Las tres son enfermedades crónicas, silentes y, sobre todo, que todas tienen altibajos. Muchas veces es difícil su control, pasando por varias etapas hasta llegar a la etapa de mantenimiento, donde la persona “aprende” a vivir con la enfermedad.
Con lo cual, entendiendo que tanto la HTA como la diabetes tienen altibajos, podemos comprender que si decimos que la conducta adictiva —me gusta más este término que “adicción”, ya que me parece menos violento— también está proyectada en su tratamiento con la posibilidad de recaídas, una recaída no significa un fracaso. Significa, simplemente, que hay que saber recomponerse y seguir aplicando aquellas herramientas y conductas que nos ayudaron a mantenernos en la etapa de mantenimiento.

Otro rasgo común que comparte la conducta adictiva con el resto de enfermedades crónicas es que es fundamental —por no decir vital— el cambio de hábitos, así como la psicoeducación a nivel personal y familiar, para poder tratar y comprender esta enfermedad. Al igual que, por ejemplo, en la HTA no se debe comer con sal, en la adicción hay cambios necesarios para la salud.
Una diferencia —por desgracia— que tiene la conducta adictiva respecto al resto de enfermedades crónicas, es que esta está más estigmatizada. Se le atribuyen adjetivos o juicios como que la persona “consume por vicioso” o “porque no puede dejar de hacerlo”, sin entender que es una enfermedad igual que cualquier otra que afecta al ser humano.
Tiene un origen o predisposición genética (biológico), una causa psicológica (psico) y un entorno que influye (social), siendo en definitiva una enfermedad biopsicosocial.
Y si les comentara que el cáncer de pulmón es una enfermedad biopsicosocial, ¿verdad que sería mejor aceptado?
Por eso es fundamental —y me repito en esto— la educación del paciente, su familia y su entorno.
¿Cómo hablar con un hijo sobre las drogas y el alcohol?
Lo principal es hablar desde un punto de vista global, con asertividad, y no pensar que son pequeños o evitarles los “malos ejemplos”, ya que en realidad eso es lo único que les vamos a poder ofrecer: herramientas y acompañamiento.
Seguramente, más de una vez estarán expuestos a situaciones de riesgo y/o consumirán sustancias adictivas.
Por eso, más que evitar la conversación, lo fundamental es mantener una comunicación abierta, empática y realista, basada en la confianza, el respeto mutuo y la educación emocional.
¿Qué pruebas detectan el alcoholismo en adolescentes?
Detectar el alcoholismo en adolescentes requiere una combinación de entrevista clínica, observación de cambios conductuales y, en algunos casos, pruebas específicas. No hay una única prueba definitiva, pero sí herramientas que ayudan a identificar un patrón problemático de consumo y sus consecuencias.
🔍 ¿CÓMO SE DETECTA EL ALCOHOLISMO EN ADOLESCENTES?
🧠 1. Evaluación clínica y psicológica
Es lo más importante, y debe incluir:
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Entrevista motivacional (con el adolescente y, si es posible, con la familia)
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Historia de consumo: edad de inicio, frecuencia, cantidad, contextos
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Síntomas de dependencia o abuso: pérdida de control, craving, problemas escolares o familiares, riesgo físico
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Evaluación de salud mental: muchos adolescentes beben por ansiedad, depresión, trauma, etc.
📝 2. Cuestionarios validados para adolescentes
🟢 CRAFFT (de 12 a 21 años)
Es el más usado en adolescentes. Cada letra es una pregunta clave:
C: ¿Has montado en un Coche conducido por alguien (incluyéndote) bajo los efectos del alcohol o drogas?
R: ¿Usas alcohol o drogas para Relajarte, sentirte mejor o encajar?
A: ¿Lo has usado cuando estabas Alone (solo)?
F: ¿Olvidas cosas que ocurrieron mientras consumías?
F: ¿Han dicho tus Familiares o amigos que deberías reducir el consumo?
T: ¿Has tenido problemas por consumir y has seguido haciéndolo?
2 o más respuestas afirmativas = riesgo alto de abuso o dependencia.
🟡 Otros cuestionarios útiles:
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AUDIT-C adaptado a adolescentes
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BSTAD (Brief Screener for Tobacco, Alcohol and Drugs)
🧪 3. Pruebas biológicas (en casos clínicos específicos)
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Análisis de orina o sangre para detectar alcohol o metabolitos (como etilglucurónido)
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GGT, AST, ALT o VCM en sangre: marcadores de consumo crónico (menos útiles en adolescentes, salvo en casos graves)
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Pruebas capilares para detectar consumo en semanas previas (en contextos judiciales o médicos complejos)
⚠️ Las pruebas de laboratorio no reemplazan la evaluación clínica. Solo se usan si hay dudas, ocultación o riesgo elevado.
👀 4. Señales indirectas de sospecha
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Bajo rendimiento escolar, abandono o conductas disruptivas
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Cambios bruscos de humor, aislamiento, irritabilidad
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Olor a alcohol, cambios en el sueño o en la alimentación
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Problemas con la ley, peleas o accidentes
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Deterioro en relaciones familiares o amistosas
✅ En resumen:
Detectar el alcoholismo en adolescentes requiere:
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Escucha activa, sin juicio
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Herramientas clínicas estructuradas como el CRAFFT
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Apoyo familiar y trabajo en red (escuela, salud mental, comunidad)
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Derivación temprana a tratamiento si se confirma un patrón de riesgo
¿Qué es el craving y por qué es tan fuerte?
El craving (en español, ansia o deseo intenso) es uno de los síntomas nucleares de la adicción. Se trata de un impulso muy potente, casi irresistible, de consumir una sustancia (como alcohol, cocaína, cannabis…) o de repetir una conducta adictiva, incluso cuando la persona no quiere recaer o sabe que le hará daño.
El craving es una urgencia interna, que se puede experimentar como:
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Una necesidad física o “hambre” de la sustancia.
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Un pensamiento repetitivo y obsesivo (“necesito consumir ya”).
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Un malestar emocional creciente si no se accede a la sustancia.
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A veces, una respuesta automática a ciertos estímulos (lugares, personas, emociones…).
¿Por qué es tan potente el craving?
Porque involucra una combinación de factores:
🔬 Cambios cerebrales
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El consumo repetido hiperactiva los circuitos de recompensa (dopamina), especialmente en el sistema mesolímbico.
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El cerebro aprende que la sustancia es una vía rápida de alivio o placer → se hacen asociaciones automáticas.
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Cuando falta la sustancia, esos circuitos reclaman la dosis con señales intensas.
🧠 Condicionamiento
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El craving se activa por estímulos condicionados: ver una botella, pasar por cierto bar, discutir, sentirse solo…
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Son como “disparadores” (triggers) que el cerebro relaciona con el consumo.
💥 Factores emocionales
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Suele aparecer cuando hay emociones difíciles: ansiedad, frustración, vacío, aburrimiento.
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En personas con pocas herramientas de regulación emocional, la sustancia se vuelve una “solución automática”.
🧩 Factores psicológicos y de personalidad
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Baja tolerancia a la frustración
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Impulsividad
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Sensación de pérdida de control o baja autoestima
¿Cuándo es más intenso el craving?
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En fases tempranas de abstinencia (las primeras semanas)
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En situaciones de estrés emocional o conflicto
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Cuando la persona está cansada, sola o vulnerable
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Sin apoyo terapéutico o sin plan de prevención de recaídas
¿CÓMO SE TRABAJA EL CRAVING?
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Reconociéndolo sin actuarlo (“No soy mi impulso”).
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Identificando los disparadores personales
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Usando estrategias de distracción o sustitución (actividad física, hablar con alguien, técnicas de respiración)
🧠 Terapias específicas:
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Terapia cognitivo-conductual
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Prevención de recaídas
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Entrevista motivacional
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Fármacos en algunos casos: naltrexona, acamprosato, ISRS, etc.
¿Es normal mezclar alcohol con otras drogas?
Sí, es muy normal, y por lo general la población no tiene idea de lo peligroso que es el alcohol (OH). Muchas veces se comenta que no se tiene problemas con el alcohol sino con otras drogas, sin evidenciar que en la mayoría de los casos, el alcohol es la puerta de entrada o el disparador del consumo de otras sustancias.
Es muy típico el dicho: «me bebí una cerveza y se me calienta la nariz», para referirse al consumo posterior de cocaína. Y no es que no importe la cantidad, pero ya con un mínimo consumo de alcohol se ve afectado el lóbulo prefrontal, que es el que termina cediendo y permitiendo el paso al consumo de otras sustancias.
Por otro lado, también está descrito que desde que uno enciende el primer cigarro, se altera el equilibrio de la vía dopaminérgica, comenzando —si tienes predisposición— el camino hacia la conducta adictiva. Algunos autores incluso señalan que desde el momento en que la persona empieza a consumir azúcar refinada ya se producirían alteraciones en esta vía.
¿Cómo influye el alcohol en el rendimiento académico?
Si estamos en una fase de dependencia, la influencia es claramente negativa.
Recordemos siempre que la única palabra verdaderamente importante aquí es funcionalidad.
Si una persona tiene una dependencia al alcohol, tarde o temprano esa funcionalidad caerá, y con ello se verán afectadas todas las esferas de su vida:
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Social/laboral o académica: dificultad para cumplir con obligaciones, inasistencias, bajo rendimiento, aislamiento.
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Psicológica: ansiedad, depresión, falta de concentración, motivación o autocontrol.
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Biológica: alteraciones del sueño, fatiga, problemas cognitivos, deterioro general de la salud.
Por lo tanto, el consumo de alcohol —especialmente si evoluciona hacia una dependencia— puede tener un impacto severo en el rendimiento académico, incluso en etapas tempranas del consumo.
¿La genética determina si soy propenso a una adicción?
Sí. Como se ha mencionado en otras respuestas, todos nacemos con una cierta predisposición genética a desarrollar una enfermedad determinada, incluida la conducta adictiva.
Ahora bien, es necesario que actúen factores sociales y psicológicos para que esa predisposición se manifieste.
Por ejemplo, una persona puede tener predisposición genética a desarrollar cáncer de pulmón, pero si no fuma —aunque socialmente esté aceptado o le proporcione tranquilidad psicológica (en teoría)—, probablemente no desarrolle la enfermedad.
Lo mismo sucede con las adicciones: la genética predispone, pero el entorno y las experiencias lo disparan.
¿Pueden los niños desarrollar adicción al alcohol?
Sí. En primer lugar, por causas prenatales:
Si la madre tiene un consumo activo de alcohol durante el embarazo, el niño puede desarrollar el Síndrome Alcohólico Fetal (SAF), un diagnóstico clínico que aparece porque el alcohol atraviesa la barrera hematoplacentaria y afecta directamente al desarrollo del feto, generando cambios estructurales y neurológicos irreversibles.
Los niños con SAF suelen presentar un biotipo característico:
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Microcefalia
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Fisuras palpebrales cortas: ojos pequeños, alargados en horizontal
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Labio superior delgado
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Surco nasolabial plano o ausente
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Nariz pequeña y chata
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Pabellones auriculares de implantación baja o deformados
Además, algunos de estos recién nacidos pueden desarrollar un síndrome de abstinencia por alcohol, lo cual también ocurre con otras sustancias como cocaína, heroína, benzodiacepinas o anfetaminas.
Por otro lado, si un niño (ya fuera del útero) se ve expuesto al alcohol desde temprana edad, evidentemente puede desarrollar una conducta adictiva a la sustancia, con sus correspondientes consecuencias:
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Afectación neurológica por ser un cerebro en formación
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Retraso en el crecimiento físico y madurativo
¿Qué enfermedades mentales provocan las drogas en adolescentes?
Las drogas pueden provocar todo tipo de enfermedades mentales en adolescentes, incluyendo:
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Trastornos neuróticos como ansiedad generalizada o trastornos de personalidad.
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Trastornos de la esfera afectiva, como depresión mayor o el debut de un trastorno bipolar.
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Trastornos de la esfera psicótica, como brotes psicóticos inducidos por el consumo de sustancias o incluso el debut de una esquizofrenia.
Tampoco hay que olvidar que el trastorno por consumo de sustancias (TUS) está catalogado como una enfermedad mental como tal, al igual que el trastorno de pérdida de control de los impulsos.
Cuando el TUS se asocia con otra patología mental, se habla de patología dual, una condición mucho más compleja de tratar que un TUS en solitario, ya que requiere un abordaje terapéutico y psicofarmacológico más amplio y personalizado.
Ejemplo: TUS de alcohol + depresión.
¿Cómo prevenir que los adolescentes abusen del alcohol?
La prevención requiere de un enfoque multidimensional, que incluya:
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Políticas de prevención pública efectivas
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Concienciación social sobre los riesgos reales del alcohol
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Combatir la normalización del consumo en edades tempranas
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Educación emocional y conductual desde la familia, que es el entorno más influyente durante la adolescencia
¿Qué impacto tiene el consumo de drogas en la familia?
La conducta adictiva yo la suelo llamar el tsunami, porque es una enfermedad que arrastra con todo: al individuo, su entorno más cercano, su círculo social y laboral.
Personalmente, no me gustaría tener ninguna de las dos enfermedades, pero si me dieran a elegir, creo que preferiría tener un cáncer antes que una conducta adictiva, porque esta última es una enfermedad compleja, con muchas aristas, y con un nivel de autoobservación tan profundo que es difícil mantenerlo a raya.
La llamo la enfermedad del autoengaño: la persona llega a creerse sus propios argumentos para no ver el problema, mientras el daño ya está ocurriendo a su alrededor.






